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Atlanterhavsvegen Atlanterhavsvegen
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Atlanterhavsvegen.
Photo: Jacek Rózycki
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“Puedo llenar una bolsa con pescado en menos de una hora”

La Carretera del Atlántico es hermosa y espectacular. Pero si la miras más de cerca, ofrece mucho más que un bello paisaje.

Olgunn Johansen señala a un islote mar adentro. “Allí. Allí es donde aprendí a pescar por primera vez,”dice, rebobinando en su memoria 60 años atrás. Aquí es donde más o menos Noruega termina, abriéndose el Oceáno Atlántico. “ Solía salir en barco con mi abuelo, que era pescador. Él se conocía todos los mejores lugares para pescar” asegura Olgunn. “Este conocimiento pasó a mi padre. Y luego lo recibí yo.”

Esta mañana, en tan solo media hora que tarda en llegar la marea alta, ha capturado dos docenas de peces, y su bolsa se ha llenado a rebosar rápidamente de abadejo y caballa.

Nature the Atlantic Road
Foto: Kyrre Lien

Salvando las distancias

“Las cosas mejoraron después de que se construyera la carretera. Antaño, me ponía aquí de pie en el borde casi jugándome la vida. Pero ahora me siento mucho más segura,” explica, desde su lugar en el puente de Myrbærholm – ahora un destino famoso entre los pescadores deportivos de todo el mundo.

Este espectacular tramo de carretera, que salta de islote en islote y de escollo a escollo a través de un archipiélago, le proporcionó a la isla de Averøy una conexión con el continente por primera vez.

Fue inaugurado en 1989. Y le dio a la zona noroeste de los fiordos noruegos un nuevo emblema: una de las más bellas y espectaculares carreteras del mundo – ya sea que la veas en una tranquila tarde de verano o durante una tormenta. Una escena para recordar, en cualquier caso.

La construcción de la carretera empezó en 1983 – y fue un hito de la arquitectura de un calado considerable. En 2005, los noruegos la llamaron la Constitución del Siglo. El emblemático puente de Storeseisund es el más alto y más famoso de un total de ocho que conectan los diferentes tramos de la carretera a través de los escollos.

Hoy en día, no son los pescadores sino los turistas quienes son vistos con más frecuencia en los islotes a ambos lados. Unas treinta casas y albergues en Håholmen, conservadas como eran originalmente, han sido convertidas en restaurantes y hoteles. Llegarás allí en pocos minutos gracias a un barco vikingo reconstruido que sale de un embarcadero junto a la carretera.

The Atlantic Road
La carretera del Atlántico
Kyrre Lien
The Atlantic Road
La carretera del Atlántico
Kyrre Lien
The Atlantic Road
La carretera del Atlántico
Kyrre Lien
The Atlantic Road
La carretera del Atlántico
Kyrre Lien
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Un festín de pescado

Aquí siempre ha habido pesca, pero los mejores lugares para pescar se han vuelto mucho más accesibles gracias a la construcción de los puentes. Sin ser conscientes del mundo que queda por encima de ellos, bacalaos, truchas, carboneros y caballas pasan por debajo de los puentes. Se pueden ver incluso focas y ballenas cuando el mar está calmado. Se han levantado otros puentes para pescar por encima de los raudales para proteger a los pescadores del tráfico.

Gente de todo el mundo viene aquí para lanzar la caña, confiando en que Olgunn no haya pescado todavía todo el pescado que pasa por debajo. Ella conoce a muchos de los otros pescadores.

“Muchos vuelven año tras año. Hablamos sobre la pesca, asi nunca nos falta tema de conversación” ella asegura.

"Cuando tenía cinco o seis años y el agua estaba tempada, tuve que aprender a nadar. Mi padre me llevaba a la orilla, me ataba a un cinturón de la chaqueta de mi madre y me metía en el agua.” Entonces ella ya pescaba e incluso hacía sus propias caás de pescar con alfileres para anzuelos.

Pero fue después de la aparición de la carretera que estableció su record personal. Un bacalao noruego de 13 kg (skrei). “Y saqué un carbonero de 11 kilos, que era también bastante viboroso” añade en una característica forma noruega de quitarle importancia a los méritos. Pero eso no es todo: “Hace unos seis años trajimos bolsas de basura, y saqué siete bacalaos de 6-7 kilos cada uno. Regresé a casa con 50 kilos de pescado en una sola jornada.”

“No vengo solo por el pescado. Es la experiencia en sí lo que me atrae. Es maravilloso,” explica Olgunn, quien viene aquí todo el año. Ha salido a 10 grados bajo cero – “porque entonces el bacalao podría picar.”

El abadejo se lo da a su gato, las cabezas las deja en su jardín para una familia de zorros, y el mejor pescado lo cocina para sus amigos.

Ya ha hecho gestiones con el condado para que, el día que ella muera, sus cenizas sean esparcidas desde este puente. “He vivido grandes experiencias en este lugar, y por eso tendré aquí también la última.”

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No hace falta que esperes a llegar aquí para averiguar lo que te gustaría hacer aquí.

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