Overview of the Vigelandsparken at Frogner in Oslo, Eastern Norway

Los misterios del parque de esculturas de Vigeland

La vida de la cuna a la tumba.

El amor, la pérdida y los conflictos interiores.

Adéntrate en el mayor parque de esculturas del mundo.

En el histórico barrio de Frogner en Oslo se encuentra el parque Vigeland, el parque de esculturas más grande del mundo creado por un solo artista. Un lugar donde la piedra y el bronce cuentan una historia universal sobre lo que significa ser humano.

Cómo llegar

Es fácil llegar al parque de esculturas y al museo de Vigeland en transporte público desde el centro de Oslo.

Metro (T-bane): toma cualquier línea hasta la estación de Majorstuen. Desde allí, hay unos 10 minutos a pie.

Tranvía: la línea 12 para en Vigelandsparken, justo al lado del parque, o en Frogner stadion, a pocos minutos a pie del museo.

El parque abre todo el año, la entrada es gratuita y el terreno es en su mayor parte llano. Además, hay caminos amplios que lo hacen accesible para sillas de ruedas y carritos de bebé.

Los niños saludan entre las esculturas. Un corredor pasa. La vida sigue su curso.

El parque forma parte de la vida cotidiana de Oslo y, sin embargo, no tiene nada de ordinario. Se trata del mayor parque de esculturas del mundo creado por un solo artista: Gustav Vigeland diseñó cada sendero, cada eje visual y cada escultura.

¿Cuántas esculturas hay? Nadie se pone del todo de acuerdo. Depende de cómo se cuenten: como figuras individuales o como grupos escultóricos. En cualquier caso, superan las 200.

Y justo al cruzar la entrada, te recibe el artífice de todo esto.

Sculpture of Gustav Vigeland

Gustav Vigeland es la única figura de todo el parque que está vestida. Todos los demás cuerpos aparecen desnudos, despojados de moda, época e indicadores sociales, lo que les confiere un carácter atemporal y universal.

“Hay tantas interpretaciones del parque Vigeland como personas que lo recorren.”

Marit Utaker

Guía local de Oslo

El parque de Gustav Vigeland es quizás el lugar de Oslo donde más se disfruta de la visita con guía. Con esculturas en todas las direcciones, es fácil pasar por alto las líneas ocultas y los sutiles detalles que conectan todo el conjunto.

Nuestro recorrido lo guía Marit Utaker, de Oslo Guidebureau, que lleva más de 30 años trabajando como guía autorizada en la ciudad. Sabe cuándo detenerse y dónde un pequeño detalle revela algo mucho mayor.

Marit no ofrece respuestas definitivas; comparte sus propias interpretaciones y deja espacio para que cada persona forme las suyas. Porque este no es un parque con una sola historia, sino con muchas.

Vigeland Park in Oslo

Desde la entrada, el camino conduce directamente a The Bridge («El puente»), una estructura de granito de 100 metros de largo flanqueada por farolas y 58 esculturas de bronce.

Portrait of Marit Utaker

The Bridge

«Este parque muestra la vida cotidiana y situaciones de todos los días», comenta Marit Utaker.

Aquí las relaciones son las protagonistas: padres que cargan a sus hijos, niños que se aferran a sus padres, cuerpos que se inclinan unos hacia otros. Marit señala lo inusual que era esto en su época: en el arte europeo, la paternidad se representaba casi siempre como madre e hijo. En The Bridge, los padres están por todas partes: alegres, orgullosos, protectores y, a veces, atravesando dificultades.

Entre los niños se encuentra una de las figuras más famosas del parque: The Angry Boy (Sinnataggen en noruego y «El niño enfadado» en español). A menudo acapara la atención, pero Marit nos recuerda que es solo uno de varios niños en el puente. A su alrededor hay otros riendo, enfadados, pensativos y observadores: todo un abanico de emociones.

Con los años, la mano de la figura se ha vuelto lisa por la cantidad de visitantes que la tocan en busca de suerte. Es un recordatorio sutil de que estas esculturas están pensadas para verlas, no para tocarlas. El bronce puede parecer resistente, pero miles de manos alteran poco a poco la superficie y la obra misma.

  • The sculpture Sinnataggen, "The angry boy" in Vigelandsparken, Oslo
    A man juggling “geniuses” in the Vigeland Park
    Child sculpture in the Vigeland Park in Oslo

¿Ves al hombre que hace malabares con bebés? Fíjate bien. A diferencia de los niños de The Bridge, estos son los «genios» de Vigeland: símbolos recurrentes de imaginación y fuerza vital.

La lucha contra el mal

A lo largo de The Bridge, las esculturas de granito introducen un carácter más oscuro. Los humanos se enfrentan a lagartos, a veces descritos como dragones, en cuatro grupos dramáticos que suelen llamarse The Struggle Against Evil («La lucha contra el mal»). Estas escenas se interpretan comúnmente como símbolos de las batallas internas de la humanidad.

Algunas figuras luchan. Una se rinde.

Desde la perspectiva de Marit Utaker, esa diferencia es significativa: ella ve a la mujer que se rinde como una expresión de la idea de Vigeland de que las mujeres estaban más cerca de la naturaleza y eran más capaces de comprenderla y convivir con ella. Mientras los hombres luchan contra las criaturas, las mujeres parecen aceptarlas.

Otras interpretaciones, por supuesto, son igualmente válidas.

Y esa es precisamente la intención.

  • Sculpture of a man fighting an eagle in the Vigeland Park
    Sculpture of an eagle and a woman fighting in Vigeland Park

Observa el contraste: una lucha con fuerza, mientras que la otra parece casi sonreír.

Cómo fue posible este parque

La magnitud del parque de esculturas de Vigeland es extraordinaria y no es casualidad.

A comienzos del siglo XX, Noruega era una nación joven que buscaba sus propios referentes culturales. Por entonces, Gustav Vigeland ya se había consolidado como uno de los escultores más importantes del país, conocido por sus obras monumentales y por su inquebrantable dedicación a la figura humana.

En 1921, Vigeland alcanzó un acuerdo sin precedentes con el Ayuntamiento de Oslo. Donó todas sus obras futuras a cambio de un estudio, una vivienda, financiación y plena libertad artística.

Gracias a este acuerdo no solo fue posible crear esculturas individuales, sino todo un paisaje escultórico.

The Vigeland park in Oslo from above

Café en el parque

Dentro del parque Frogner se encuentra Anne på landet, una cafetería acogedora abierta todo el año que sirve tartas caseras, almuerzos ligeros, café y vino. Es la parada perfecta antes o después de recorrer el parque.

The Fountain y The Labyrinth

Más allá de The Bridge, el parque se abre hacia The Fountain («La fuente»), la obra que dio origen a todo el proyecto.

En el centro, seis hombres sostienen un enorme cuenco, a menudo interpretado como el mundo, y el agua fluye sin parar bajo ellos. Alrededor de The Fountain, los relieves narran un ciclo continuo de la vida: niños jugando, parejas jóvenes, familias, cuerpos que envejecen, el duelo, la muerte… y de nuevo la vida.

«Aquí todo es un ciclo», explica Marit Utaker. «En realidad, nunca termina».

Al rodear The Fountain, aparece The Labyrinth («El laberinto»), también de Gustav Vigeland.

Los laberintos se han asociado desde hace mucho tiempo con la fuerza vital y los viajes espirituales. Para Vigeland, su sinuoso recorrido se convirtió en una metáfora del paso del ser humano por la vida. A diferencia de los laberintos tradicionales, que conducen hacia un único centro, este gira alrededor del centro (The Fountain) y continúa hacia el otro lado. Con entradas y salidas separadas tanto en el lado este como en el oeste, no existe un único destino.

«No se llega a ningún sitio», expone Marit. «Se atraviesa».

En una carta a su amigo Hans Dedekam en 1915, Vigeland escribió que, tras diseñar su laberinto, le preocupaba que ya se hubiese creado algo parecido en otro lugar. Investigó a fondo para asegurarse y quedó satisfecho al comprobar que su diseño era único. Según afirmó, el recorrido se extiende a lo largo de casi 3000 metros. Lo dibujó en apenas diez noches.

  • The fountain in the Vigeland Park in Oslo
    Sculptures of young couple around the fountain in the Vigeland Park
    Drawings of the labyrinth in the Vigeland park

Fíjate en el dibujo de The Labyrinth. Vigeland lo esbozó en solo diez noches y después investigó para asegurarse de que no existía nada parecido en ningún otro lugar.

The labyrinth in the Vigeland Park, Oslo

Alrededor de The Fountain, Gustav Vigeland creó una plaza laberíntica de 1800 metros cuadrados, pavimentada con mosaicos de granito blanco y negro.

The Monolith

En el centro del parque se erige The Monolith («El monolito»),una columna de 17 metros de alto tallada a partir de un único bloque de granito.

121 figuras humanas se enroscan hacia arriba con sus cuerpos entrelazados; algunas parecen trepar y otras caer. Si el movimiento es ascendente, descendente o ambas cosas a la vez, queda a la interpretación de quien lo contempla.

Gustav Vigeland apenas dio explicaciones. Lo llamó fantasía y dijo, de forma célebre:

“Esta es mi religión”

Gustav Vigeland

Aunque el parque lleva un solo nombre, lo crearon muchas manos. Solo The Monolith fue tallado durante 13 años por cuatro maestros canteros: los suecos Gustav Mod y Nils Jönsson, el danés Karl Kjær y el noruego Ivar Broe, que trabajaron a partir del modelo de yeso de Vigeland bajo su estrecha supervisión.

  • Group picture of Gustav Vigeland's stonemasons
    Vigeland sculpture park in the making
    The stone carvers Ivar Broe, Nils Jönsson, and Karl Kjær in front of the shed
The Monolith in Vigelandsparken
Friends having fun in Frognerparken, Oslo, in winter

P. D.: Busca dos círculos marcados en el pavimento cerca de The Monolith. Colócate dentro de uno y habla, canta o da una pisada: el sonido volverá hacia ti en forma de eco.

El parque es igual de impresionante en invierno y, si tienes suerte, incluso podrás practicar esquí de fondo en él.

Para comprender mejor la visión que hay detrás de todo, continúa la visita en el interior del museo de Vigeland, que fue el estudio y la casa del artista.

Se creó con gran atención a cada detalle y sigue siendo un refugio de calma en medio de la ciudad.

Gustav Vigeland

Nació en Mandal, en el sur de Noruega (1869-1943).

Se consolidó como uno de los escultores más destacados de Noruega en la década de 1890.

Tuvo dos hijos, Else (1899) y Gustav (1901), con Laura Mathilde Andersen.

Vivió durante casi 20 años con Inga Syvertsen, quien también fue su asistenta.

Se casó con Ingerid Vilberg (más tarde Ingerid Vigeland) en 1922.

Dedicó el resto de su vida a crear el parque de esculturas de Vigeland.

Murió en Oslo en 1943.

Aquí, los visitantes pueden ver una versión en miniatura del parque: modelos de yeso, estudios iniciales y obras que nunca llegaron a completarse. El proceso creativo se puede apreciar claramente: la repetición, las correcciones y la obsesión.

La vida privada de Gustav Vigeland fue compleja. Tuvo varias relaciones, dos hijos nacieron al comienzo de su carrera y más tarde volvió a casarse. Aun así, su principal dedicación siguió siendo la obra.

El apartamento

Como parte de su acuerdo con el Ayuntamiento de Oslo, Gustav Vigeland recibió un estudio y un lugar donde vivir cerca de su trabajo. El arquitecto Lorentz Ree diseñó un apartamento construido expresamente para él en la parte más alta del edificio.

Aquí nada se dejó al azar.

Vigeland quiso diseñar hasta el último detalle del apartamento. Combinó el tono terracota cálido de las paredes con paneles verdes, una paleta de colores que se repite en cojines, alfombras y textiles. Su esposa, Ingerid Vigeland, con quien se casó en 1922, tejía pequeños textiles siguiendo estrictas instrucciones de él. Un discreto homenaje a las tradiciones artesanales noruegas y a los ideales del movimiento arts and crafts de la época, en los que la calidad de los objetos se consideraba inseparable de la calidad de vida.

Las obras de arte que decoran las paredes son únicamente suyas. Los pasteles sobre papel datan de sus viajes por el sur de Noruega, donde plasmó los paisajes de su infancia. Estas piezas ofrecen un contrapunto íntimo y personal frente al trabajo monumental del exterior.

Vigeland e Ingerid se mudaron al apartamento en 1924. En la década de 1940, Ingerid se mudó y Vigeland vivió solo aquí durante sus últimos años. La segunda cama fue retirada; lo que queda es un espacio sobrio, casi austero, configurado por completo en torno al trabajo.

En la sala circular superior, Vigeland planeó una serie de relieves para rodear el espacio. Nunca los terminó, pero sabía exactamente dónde acabaría su historia.

En lo más alto del edificio se encuentra el mausoleo que diseñó para albergar su urna.

  • Gustav Vigelands Frogner appartment
    Gustav Vigelands Frogner appartment
    Vigeland Museum in Oslo from outside
Gustav Vigeland’s urn with reliefs in the background

Algunas de sus obras nunca se terminaron; sin embargo, el lugar de descanso final del propio artista fue cuidadosamente elegido.

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