No hay montaña lo suficientemente alta...
El territorio noruego está lleno de montañas y de naturaleza virgen; las cumbres escarpadas y formaciones rocosas redondeadas también son una parte importante de la identidad nacional. La tradición noruega de divertirse en las montañas viene de lejos. A lo largo y ancho de todo el país, los lugareños suelen lanzarse a la montaña los fines de semana y en vacaciones para respirar aire fresco y puro.
Casi la mitad de la población tiene acceso a una cabaña privada (en noruego, hytta). Existen miles de refugios de montaña que están atendidos por personal (llamados fjellstuer), cabañas en las que uno se lo tiene que hacer todo y, por último, otro tipo de cabañas más básicas. Muchas de ellas están gestionadas por la Asociación Noruega de Senderismo (DNT, por sus siglas en noruego). Algunos de los refugios y cabañas más nuevos presentan un diseño impresionante e innovador, tras los cuales se esconde alguna figura destacada de la arquitectura. Es habitual que en estas instalaciones se sirva comida a base de ingredientes locales, como alce, ciervo, trucha o reno.
El senderismo es la actividad de exterior favorita para gran parte de la población noruega. Los aficionados a la montaña pueden elegir entre miles de kilómetros de senderos señalizados con diferentes niveles de dificultad. Aunque el derecho a vagar libremente garantiza que todo el mundo pueda acceder al espacio natural, es importante mantenerse dentro de los límites marcados con el fin de minimizar la huella en el medioambiente y respetar la privacidad de terceros.
Quienes quieran combinar unas vacaciones urbanas con montaña, son muchas las ciudades noruegas que ofrecen esta posibilidad. Bergen, Ålesund, Bodø y Tromsø, entre otras muchas ciudades, presumen de tener un acceso muy fácil a las montañas.



































































